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¿La historia se repite?

mayo 29, 2011

Salvando las distancias y evidentemente nada tiene que ver la Europa de los años 20, pero es curioso que cuanto peor está la gente mas imprevisible se vuelve.

El giro a la derecha no es la solución, Francia ya viene de vuelta y será allí donde la izquierda recoja las cenizas de Zarkozy.

Pero es bueno recordar ciertas situaciones que se dieron en momentos de desesperación:

Pero ni la organización del partido, ni la movilización de las masas, ni la capacidad de Hitler para desarrollar el papel de un líder carismático, con excepcionales dotes de orador y propagandista, dieron grandes frutos en esos años de relativa estabilidad de la República de Weimar, hasta que la crisis económica mundial, iniciada con la quiebra de la Bolsa de Nueva York a finales de octubre de 1929, sacudió a Alemania de lleno en ese invierno de 1929-1930. Los créditos extranjeros, de los que dependía fundamentalmente el desarrollo de la economía alemana, fueron retirados, y la situación política fue dominada a partir de ese momento por el acelerado crecimiento del paro, que pasó de poco más de un millón de personas en septiembre de 1929 a tres millones un año después y alcanzó la cifra de seis millones a comienzos de 1933.

El poder político se movió a otros sitios, al círculo de confianza de Hindenburg, el mariscal de campo del ejército alemán durante la guerra, presidente de la República desde comienzos de 1925, tras la muerte del socialista Friedrich Ebert. Pero quien realmente aumentó el poder en esas circunstancias fue el ejército, y en particular el general Kurt von Schleicher, quien iba a tener un papel protagonista en el drama final. Ni él ni Hindenburg mostraron intención de devolver el poder al Parlamento, y Hindenburg nombró el primero de los llamados Gobiernos presidenciales, el del católico Heinrich Brüning, que ya no necesitaba depender de los votos en el Reichstag para aprobar leyes, sino que gobernaría a través de decretos de emergencia firmados por el presidente de la República.

La depresión, por tanto, con sus consecuencias económicas y psicológicas, metió de lleno a Alemania en una grave crisis política. Los nazis aprovecharon esa circunstancia para presentar la crisis como un resultado del sistema democrático. En las elecciones al Reichstag del 14 de septiembre de 1930 pasaron de 12 a 107 diputados. Casi dos años después, en las elecciones del 31 de julio de 1932, obtuvieron 13 millones de votos, el 37,4%, con 230 diputados. Los comunistas ganaban también votos en detrimento de los socialistas y los partidos tradicionales, los conservadores y liberales, y los nacionalistas se hundían.

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